Golden Calves: A Reflection

This reflection was included in The Episcopal Church’s Sermons that Work” bulletin inserts.

October 11, 2020 – Pentecost 19 (A)

Requested Topic: The U.S. Election and Voting

Today’s reading from Exodus is a familiar one, but each time I read the passage I find something new to meditate on. Here we find the Israelites out in the desert, in an unfamiliar place, and without their leader. Moses has gone up to the mountain to speak with God and the Israelites feel alone, scared, bored, restless, and maybe even doubting why they left Egypt in the first place. While I have found it easy in the past to sometimes judge Aaron and the Israelites for creating a golden calf to worship,
this year, I feel like I am a bit closer to understanding what these exiles may have been feeling.

You see because Moses has been preaching about this amazing God, who is singular and abstract and who loves the Israelites. This God is unlike any other and has a plan just for these people. But when you’re worn out, tired, and you don’t know where you’re going or how you’re supposed to get there, I bet it’s pretty hard to keep your eyes on how to live into God’s plan. I get it, the people didn’t want to wait on an abstract God, which was something new and untested. So they created something comfortable, something familiar, something relatable to them: a golden calf.

At this moment in my life, I suddenly read this passage differently. Within the context of a global pandemic, blatant racial injustice, exposed social disparities, and an important U.S. presidential election, I start to understand how these Israelites were feeling in a way that I haven’t before. We all been going through a hard time, during this pandemic. We have wondered where God has been and where we are going as a people. We have done deep questioning and had deep doubts about our faith, our communities, and our humanity. It is easy and natural and human for us to want to lean against something that is comfortable and familiar. The Israelites yearned for something tangible that they could knee before in order to feel comforted. How many of us today miss the altar for those same reasons?

In order to keep us from sliding into modern-day idolatry, we must engage in self-reflection. We must ask ourselves: what are our golden calves today? This self-reflection on our modern-day golden calves will help us to prepare ourselves spiritually as we approach election day. Our scriptures are calling us today into a deeper understanding of our imago dei, our identity in Christ and in the divine. As we patiently seek, listen, and discern God in our world today. As we wait to hear God speaking to us not through something tangible, but in the abstract. That still small voice. The faces schoolchildren and their teachers. The words of those who have died at the hands of injustice.

May we be brave enough to not cling to what is familiar and comfortable to us. May we be brave enough to discern love and justice in our time. What love and justice look like. How love and justice act. Because this is what God looks like in our time. Love for our fellow siblings and for our common humanity. Or to use pandemic language, the symptoms of our imago dei are justice, love, and holiness. For it is when we push ourselves beyond what is comfortable and familiar that we discover Christ is already there, waiting for us. Amen.


Tema solicitado: Las elecciones y el voto en Estados Unidos

La lectura de hoy del Éxodo es conocida, pero cada vez que leo el pasaje encuentro algo nuevo en lo que meditar. Aquí encontramos a los israelitas en el desierto, en un lugar desconocido y sin su líder. Moisés ha subido a la montaña para hablar con Dios y los israelitas se sienten solos, asustados, aburridos, inquietos y quizás incluso dudando de por qué salieron de Egipto en primer lugar. Aunque en el pasado me ha resultado fácil juzgar a Aarón y a los israelitas por haber creado un becerro de oro para adorar, este año siento que estoy un poco más cerca de entender lo que estos exiliados pueden haber estado sintiendo.

Verás, porque Moisés ha estado predicando sobre este Dios asombroso, que es singular y abstracto y que ama a los israelitas. Este Dios es diferente a cualquier otro y tiene un plan sólo para este pueblo. Pero cuando estás agotado, cansado, y no sabes a dónde vas o cómo se supone que vas a llegar, apuesto a que es bastante difícil mantener la mirada en cómo vivir el plan de Dios. Lo entiendo, la gente no quería esperar a un Dios abstracto, que era algo nuevo y no probado. Así que crearon algo cómodo, algo familiar, algo relacionable con ellos: un becerro de oro.

En este momento de mi vida, de repente leo este pasaje de forma diferente. En el contexto de una pandemia mundial, de una flagrante injusticia racial, de disparidades sociales expuestas y de unas importantes elecciones presidenciales en Estados Unidos, empiezo a entender cómo se sentían estos israelitas de una manera que no había entendido antes. Todos hemos pasado por un momento difícil, durante esta pandemia. Nos hemos preguntado dónde ha estado Dios y hacia dónde vamos como pueblo. Nos hemos cuestionado profundamente y hemos tenido profundas dudas sobre nuestra fe, nuestras comunidades y nuestra humanidad. Es fácil, natural y humano que queramos apoyarnos en algo que es cómodo y familiar. Los israelitas anhelaban algo tangible ante lo que pudieran arrodillarse para sentirse reconfortados. ¿Cuántos de nosotros hoy echamos de menos el altar por esas mismas razones?

Para evitar que caigamos en la idolatría moderna, debemos reflexionar sobre nosotros mismos. Debemos preguntarnos: ¿cuáles son nuestros becerros de oro hoy en día? Esta autorreflexión sobre nuestros becerros de oro modernos nos ayudará a prepararnos espiritualmente a medida que nos acercamos al día de las elecciones. Nuestras escrituras nos llaman hoy a una comprensión más profunda de nuestra imago dei, nuestra identidad en Cristo y en lo divino. Mientras buscamos, escuchamos y discernimos pacientemente a Dios en nuestro mundo actual. Mientras esperamos escuchar a Dios hablándonos no a través de algo tangible, sino en lo abstracto. Esa pequeña y tranquila voz. Los rostros de los escolares y sus maestros. Las palabras de los que han muerto a manos de la injusticia.

Que seamos lo suficientemente valientes para no aferrarnos a lo que nos resulta familiar y cómodo. Que seamos lo suficientemente valientes para discernir el amor y la justicia en nuestro tiempo. Cómo son el amor y la justicia. Cómo actúan el amor y la justicia. Porque así es como se ve Dios en nuestro tiempo. El amor por nuestros hermanos y por nuestra humanidad común. O para utilizar un lenguaje pandémico, los síntomas de nuestra imago dei son la justicia, el amor y la santidad. Porque es cuando nos empujamos más allá de lo que es cómodo y familiar que descubrimos que Cristo ya está allí, esperándonos. Amén.